Salí en búsqueda de quien estaba en el espejo, creí poder conquistar el mundo entero, dispuesto a lo que fuera y con la frente en alto, deje atrás mi universo, mis lazos, mi centro. Me hundí en mi abismo, la mente y sus puertas, busque entre lo viejo, heridas profundas, pasiones de antaño, lugares sin daño, tratando de hallar los porqués del ahora, los tal vez de algún día y los ya no de lo que alguna vez fue.
Anduve en el mundo ni lejos ni cerca, ronde por mi mente que con cada vuelta encontraba un reto, un plan, una huerta. Plante mil semillas, busqué entre la tierra, luche con las penas y creí que yo era, para luego entender con cierta tristeza que solo el cambio constante ha sido fiel en mi acera.
Morí entre las ruinas de viejas ideas, me queme con el fuego de alegrías y penas, y esparcido en el suelo con cenizas de piel, renací entre mis sueños para olvidar el lamento. Ahora vuelo por los mares del cielo, camino marcado con un tatuaje de un credo, un juramento profundo de saber lo que quiero, y de entender que lo mío siempre estuvo en mi adentro, una pasión verdadera y una promesa de amor para el viento.
Caídas que enseñan, fracturas que sanan, fracasos que llevan a los triunfos del mañana. Fe de erratas de una vida sin pasión, que con la clara mañana entró en razón y que encontró en el espejo una decisión, una simpleza tan mágica en este mundo y su son.