Empieza a subir este amor cual un globo, lleno de aire caliente que sale de su boca, estas ganas de verla de sentirla en mi piel.
Indiferencia que mata que busca ignorar la pasión que un día estuvo y que desaparece con su pensar.
Volamos a una altura de caricias, de abrazos, de besos sin mesura, de palabras dichas con miedo que se vuelven ternura.
Caigo en picada, después de quemar mis alas por volar tan cerca de su sol, y traspaso el suelo y la cordura hasta encontrarme en mi propio infierno mental, sentimental, agobiante querer que me amarra a un cigarro que también se llega a extinguir.
Cruzo sus fronteras y llego hasta su adentro, o hasta el siguiente portón con candados de piel, con cicatrices de otros que sin remedio intento sanar.
Me descubro acampando afuera, con una cura que no sirvió, impotente en mis acciones y con un frío que eriza mi piel, que me alerta que esta noche dormiré solo otra vez.
Vuelve su sonrisa, que amarro en mi pensar, que me inspira a volar de nuevo, a pesar de ese malestar, que sacudo de mi alma para intentar de nuevo amar.
Sube y baja de hueso y piel, montaña rusa hecha mujer, amiga mía, enemiga de mi querer, que me buscas, que me escondes, que te asusta que sea fiel. Dime entonces, por favor, si hoy vas a subir, si hoy vas a bajar, si hoy me vas a llevar a ese cielo de colores o a ese dejo de sabores, pero dime algo, lo que sea, que te gusta mi sentir, que te agobia mi pensar, que no aguantas un día más sin tenerme a la par o por lo menos toma un alfiler que reviente mi ilusión de que podamos, algún día juntos, de la mano caminar.