Me encuentro a mi mismo, reaprendiendo a soñar, con la inocencia de un niño, con emoción y sin afán. Como si la vida fuera un juego y yo caricatura sin apuros, que no se toma la vida muy en serio y disfruta el camino más que el resultado.
Entonces, me dejo ir por callejones, por castillos de ilusiones, imagino conversaciones y reacciones de emoción, de ternura, de pasión. Siento un fuego que se enciende, que ilumina mi presente, inspirando fuerza de voluntad y unos versos medio coherentes.
Cómo me gusta soñar! Pero también me gusta mi presente...
Amo estar en un estado conciente, atento e instintivo, algo así como un soñar activo. Un disfrute de detalles y sutilezas que hacen retoñar sonrisas desde el alma.
Amo hasta lo duro de la vida, las tristezas de este mundo, las que parten corazones y nos llevan a pensar, que esta humanidad perdió los colores, amo el privilegio de poder soñar un mundo nuevo y ese fuego de crear uno sin miedo.
Que sería del mundo, si nos dejáramos soñar. Que sería del mundo si empezáramos a actuar.