Siempre presente, distante en mi piel, viviendo una ausencia justificada, un paraíso sin un dios, bogando el porvenir, sin saber que dejo atrás. Arrastro mis errores en mis suelas y en mi tez, vivo cada día sabiendo a quien culpe, a quien ame, a quien deje. Miro hacia adelante y veo el porque, la vida da vueltas y todo es un camino infinito, un final sin meta, una elipse pedregosa y fatal.
Aprendo cada día y con cada converger, siento una distancia y luego un parecer, una imitación talvez, un verano azul, un oscuro amanecer, que me lleva consigo a mi siguiente atardecer.
Vago inciertamente por lo que juzgue, critico vanamente lo que algún día seré, lo que ya fui o lo que simplemente no se.
La bondad del sentimiento, un alma pura, es algo tan único y tan común, tan difícil y tan presente, en todo lo me rodea, la pupila del corazón se rige por mi sensación, de que tanto ayer, como mañana, que tanto hoy como siempre, vivo ausente en la presencia de bondad del alma de los demás.
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